Hoy he intentado parar un rato.

No porque estuviera especialmente cansado, sino porque sentía que lo necesitaba.
Sentarme. No hacer nada. Mirar por la ventana.

A los pocos minutos me he dado cuenta de algo incómodo: mi cuerpo estaba quieto, pero todo lo demás seguía corriendo.

Piernas inquietas.
Respiración superficial.
La cabeza buscando cualquier excusa para levantarse.

He pensado muchas veces que descansar era algo automático, que bastaba con detenerse.

Hoy he visto que no.

Parar no es descansar.
Parar es encontrarte con lo que llevas dentro cuando no te mueves.

Y eso no siempre es agradable.

He estado a punto de levantarme varias veces.
No por necesidad real, sino por evitar esa sensación difusa de incomodidad.
Como si algo en mí no supiera estar sin producir, sin avanzar, sin justificar el tiempo.

No he aprendido a descansar hoy.
Pero sí he visto con más claridad cuánto me cuesta.

Y, curiosamente, eso ya ha cambiado algo.

Un gesto esta semana

Cuando pares un momento, no intentes relajarte.

Sólo observa qué partes de ti no saben parar todavía. Nada más.

Hasta la próxima semana.

Dirección Vital.

*Imagen: ivankarim.com

Keep Reading